Reflejo

domingo, mayo 21, 2017


Rafael se llama mi nuevo amigo, y no es imaginario, es un señor mayor, gordito y bonachón, que me mira con cariño pero analiza hasta el más leve de mis movimientos, estoy segura que por su labor no debería mirarme de la forma en que lo hace y yo, por mi posición, no debería sentirme tan cómoda sentada frente a él y abusar de mis 50 minutos por regla general para saltarme a 90 y hacer esperar a otra pobre alma sucia como la mía

Pero pasa

Ha estado sucediendo ya por tres semanas. Y es que el buen Don Rafa dice que hablar conmigo le ayuda más a él que a mí, cosa que no es cierta, yo lo sé, o al menos es lo que yo creo, porque vivo con la firme convicción de que todos me mienten...menos mi mejor amiga, ella no, ya ha quedado claro

En la última visita, hace unas buenas 24 horas exactas, Rafa me ha pedido que haga una dinámica con él, consistía en mirarle y decir las peores palabras que se me pudieran ocurrir para insultarle. La verdad es que no pude. Era muy obvio. Yo solo le miraba y podría sonreír porque tiene cara de buena gente así que le dije que no podía y le expliqué la razón...cambió la estrategia y dijo que eligiera a una persona a la que sí pudiera decirle todas las palabras malsonantes que me sé

No diré en quién pensé, solo una persona, además de don Rafa y yo, sabemos quién era a quién veía mientras insultaba con toda la impropiedad de una "señorita bien" como le llamaría mi madre, y lloraba pidiendo que desapareciera porque no podía, ni quería, volver a verla (a la persona, quiero decir)

Si soy completamente honesta, la verdad es que está mal en muchos niveles que a mi doctor yo le llame Don Rafa, y él a mí me diga jovencita en lugar de mi nombre o paciente tal, porque eso es lo que somos, un Psiquiatra y una paciente, pero supongo que es un método para hacer que yo abra la boca porque en dos sesiones no me sacó más que un puñado de palabras y muchas, pero muchas lágrimas (cosa que no sorprende porque soy de lágrima fácil), al caso que cuando salí del consultorio me sentía abatida, por completo, como si me hubieran pateado los ovarios y encima me hubieran sentado un elefante sobre el cuerpo. Me encerré el resto de la tarde y no pude hacer más, por horas. Hasta que por la noche decidí limpiar la cocina y terminé limpiando toda la casa, cuando terminé eran las 8:30 pm, me detuve frente al espejo de mi habitación, que para mi desgracia es grande (y yo odio los espejos) y me miré...por primera vez me miré. No puedo especificar el tiempo pero supongo que fueron escasos tres o cinco minutos, pero parecieron horas

No sentí nada
No pensé nada
No me alteró el reflejo

Creo que es algo bueno. La verdad es que a las 8:50 PM ya estaba dormida, y aunque sí me dopé para poder hacerlo y aun así estuve un poco inquieta, esta mañana me desperté y lo sentí liviano, aun me siento así, aunque acabo de recibir una mala noticia, tuve una discusión con mi madre y acabo de aventarme al último intento de establecer comunicación con una parte que le falta a mi vida...tengo la opción del rechazo o la aceptación, no estoy muy segura de cómo vaya a ser el resto de la tarde y probablemente la semana pero si de algo estoy segura es que sola no la voy a pasar

Soy inestable pero tengo mi red de respaldo, la luz que se enciende en cada paso que doy por el túnel oscuro que es mi mente para que no me detenga, para que no me calle, para que no olvide que tengo posibilidades, y no, no es el buen doctor, es mi pequeña familia, mi pequeña familia cuyo nombre nunca voy a mencionar acá, porque ella siempre tiene que saber 

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